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sábado, 10 de abril de 2010

93B Primera Parte


Come On Baby Light My Fire!

-¿Ya? ¿No puede ser!- se lamento Joaquín, dándose cabezazos contra la almohada

Music is supposed to inspire...

-Fue una mala idea poner mi canción favorita como despertador. Empiezo a aborrecerla con todo mi alma...-pensó, mientras se incorporaba y se miraba al espejo que tenía enfrente de su cama, comprobando los estragos de la noche anterior. Observó su pelo normalmente bañado en gomina, ahora tapándole toda la frente. Sus ojos, que reflejaban la intensidad de la noche, amoratadas las pupilas por el cansancio. Pasó los dedos por la quemadura de cigarro en la muñeca que le hizo su amigo Javier, sintiendo que todavía le escocía.

Frotándose los ojos, y una vez comprobadas todas las “heridas de guerra” de la noche anterior, decidió que ya era hora de levantarse e irse a la ducha. Caminó hacia el baño, encendió la radio y comprobó que sonaba Lady Stardust de David Bowie.

-Una canción mucho mejor para mi despertador, murmuró sonriendo.

Accionó el agua caliente de la ducha, se quitó el pijama lentamente, se giró para comprobar su estado por última vez en el espejo del baño. Fue entonces cuando lo vio.

-¿Qué cojones....?, dijo asombrado. Joaquín se quedo mirando atónito algo que tenía escrito en medio del pecho. Se acercó al espejo para poder leerlo.

"Esta no es tu vida. Sal de ella. 93B"

-Pero, ¿Qué coño es eso? No daba crédito a lo que estaba viendo. Precisamente esa noche recordaba perfectamente todo lo que había hecho, no tenía ninguna laguna mental. Analizó la escritura con más detenimiento y se dio cuenta de que era en una fuente mecanizada, era imposible que una mano hubiera escrito eso. Además, la tinta no parecía la típica tinta de cualquier bolígrafo, ni siquiera tenía el aspecto de ser un tatuaje. En un acto reflejo, se metió en la ducha y empezó a frotarse el pecho con la esponja, pero la maldita inscripción no se marchaba, por mucho que frotara. La desesperación se apoderó de él. Frotaba cada vezcon más fuerza. Estaba furioso.

Las señales horarias de la radio le recordaron que tenía que ir a recoger a su madre al aeropuerto, que volvía de un largo viaje.

La ducha la realizó como un acto reflejo, repasando una y otra vez la noche anterior intentando encontrar alguna laguna o fisura en su memoria que diera explicación a aquello, pero en su cabeza no cabía explicación alguna.

Se vistió, cogió movil, llaves y cartera de la mesilla de noche y se dispuso a salir por la puerta de su casa cuando vio un sobre en el suelo al lado de la puerta. Corrió a abrir la puerta, miró a un lado y a otro del pasillo, pero no vio a nadie. Cogió el sobre. Era el típico sobre blanco de carta pero tenía algo escrito:

Para tí, quien quiera que seas. 93B